Hombre Invisible ¿Por quién estás cantando? por Ralph Ellison

“Hombre invisible, ¿para quién cantas? “es el título de un libro de Ralph Ellison anunciado por primera oportunidad en 1952 en los USA y 1969 en Francia. Es la única novela completada por el creador e intelectual estadounidense nativo de Oklahoma City en 1914 y fallecido en Nueva York en 1994 a la edad de 80 años. Los otros libros de Ralph Ellison fueron publicados póstumamente. Pero volviendo a mi reseña…

Es muy difícil comentar de esta obra maestra, un libro que se desplaza y me conmueve como pocos lo hicieron. “Hombre invisible, ¿para quién cantas? “cuenta la narración de un hombre ahogándose. Este libro trata de un hombre que sigue fallando sin importar todo lo que hace en la vida. El narrador es, no obstante, un individuo valeroso, pero ésta pasará de la desilusión a la desilusión desde el día en que la rueda dejó de girar en el lado bueno de la vida. Antes de seguir, me gustaría decir unas expresiones sobre la traducción del título, una traducción libre que me agrada bastante y bastante más que el título original que podría ser traducido sencillamente por..: “El Hombre Invisible”. De hecho, el narrador canta su desesperación como un triste y hechizante blues. ¿Pero para quién es invisible este narrador? Es un narrador que no posee nombre, como para marcar mejor su posición de insignificante. De hecho, el narrador es invisible, porque es ignorado por el planeta en el que vive, por los hombres que encuentra. Y, toda la sociedad ignora a este hombre tomado por un loco en tanto que no obstante tiene cosas que decir, ideas que comunicar. Además, muy rápidamente la máquina de la vida se traba por un error estúpido e ingenuo, en tanto que el zumbido del motor indicaba que se había tomado el sendero acertado. Pero algunas veces se requiere poco para eliminar las esperanzas de un hombre. El narrador es un brillante universitario, es inclusive el más destacable de su clase y sólo le queda un año para gozar de una brillante carrera profesional con su diploma en el bolsillo. El narrador es un joven lleno de promesa, un joven ingenuo que cree en el canto del mañana, sin importar las varias serpientes que ya se han tragado… Después, el director de la facultad le confía al narrador una delicada misión: ser útil de conductor, en el transcurso de un día, a uno de los generosos donantes de la facultad.

No, hijo mío, ellos no dirigen esta escuela, los blancos tampoco. Es verdad, ellos lo apoyan, pero yo lo dirijo. Soy gordo y negro y digo “sí, señor” tan fuerte como el primer negro que viene, cuando es requisito, pero sigo siendo el rey aquí. No me importa si no lo se ve. La energía no requiere alcanzar. (…) Cuando tienes el poder lo sabes. Los negros tienen la posibilidad de reírse, y los blancos tienen la posibilidad de morirse de hambre para reír!

Hasta la actualidad bien, excepto que nos encontramos en los USA en la década de 1940 y el donante rico es un hombre blanco en tanto que el conductor por un día es un estudiante negro. También, el hombre blanco pide ir a conocer los sitios donde habitan los miserables negros (los desdentados), y gracias a un desbordamiento de emociones, el hombre blanco acaba teniendo un malestar, y es llevado a conocer a un médico. Todo regresa a la normalidad, porque el hombre blanco acaba enseñando que todo está bien, que el joven negro no es culpable de nada, pero el hombre blanco es alguien ocupado que ya está muy lejos, es un hombre que no sabe la situación…. De hecho, el rector de la facultad no lo dice en ese sentido. Quiere castigar a quien no supo mentir al hombre blanco, ocultar la mugre… Y es desde este pequeño hecho que empieza el extenso y vertiginoso descenso al infierno del narrador, que no deja de reclamar su verdad. Lamentablemente, nadie lo oye, nadie lo ve, es un hombre solitario que termina enfrentándose al planeta sucio que le circunda, un mundo que aplasta y elimina. La novela de Ralph Ellison es deslumbrante, vigorosa, inquietante, triste. Además, el creador consigue ofrecer un relato especial del estado de ánimo del narrador, porque se muestra, nos revela su alma aunque nadie (en la historia) desee escucharlo.

¿A quién le agradan las historias de ahogamiento?

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